Citius, Fortius y Pisuerga (nombres femenino, masculino y femenino, respectivamente) han comenzado a realizar sus primeros vuelos por el Campo Grande después de 3 semanas desde que el proyecto ‘Pennatus’ llevó a cabo el anillamiento y equipamiento con emisores GPS/GSM. El equipo que realizó estos trabajos y el Ayuntamiento como institución financiadora de la causa están emocionados con la noticia. Según Ignacio García Dios, investigador principal de la Asociación Pennatus, «se confirma el normal desarrollo del período de aprendizaje de las técnicas de vuelo de los jóvenes águilas calzadas, que ahora tienen entre 56-60 días». Después de ser marcados, pasaron una semana finalizando su desarrollo en el crecimiento del plumaje y ganando peso. A los 45-48 días, los jóvenes dejaron el nido y comenzaron la fase de rameo, caminando por las ramas del pinsapo donde habitan. Una vez superada esta fase, empezaron los vuelos lineales de árbol a árbol. En palabras del investigador, «en esta etapa adquieren destreza para moverse de árbol a árbol en vuelos rectos. Es un momento delicado, ya que se aventuran por el parque, alejándose cada vez más. Deben ser cuidadosos al aterrizar, ya que es el momento más complicado». A partir de ahí, practican diariamente para mejorar sus vuelos. Los adultos los animan y les llevan comida al nido, lo que les permite adquirir destreza y fuerza para llegar rápidamente en busca de alimento. Es una etapa en la que se les escucha mucho por el Campo Grande, llamando a los padres para que les traigan comida donde se encuentran. Sin embargo, los padres los obligan a regresar al nido. Esta dependencia irá disminuyendo gradualmente hasta lograr la independencia. Les quedan aún dos meses para aprender a salir del parque, cazar y desarrollar sus habilidades de vuelo. El alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, ha destacado que «la evolución de estas águilas calzadas jóvenes es motivo de satisfacción científica y una gran noticia para la ciudad desde el punto de vista medioambiental. La presencia de estas aves rapaces en el Campo Grande demuestra que la convivencia entre la biodiversidad y el entorno urbano es posible y deseable. Este proyecto refuerza nuestro compromiso con la conservación de la fauna autóctona y la mejora de los espacios naturales de la ciudad, lo que puede tener un impacto positivo en el turismo ornitológico y en la ciudad en general». Citius, Fortius y Pisuerga realizan sus primeros vuelos por el interior del Campo Grande en español.

Descripción

Citius, Fortius y Pisuerga (hembra, macho y hembra, respectivamente) ya se han lanzado varias veces desde el nido para practicar varios vuelos cortos por el Campo Grande, 3 semanas después desde que el proyecto ‘Pennatus’ llevará a cabo el anillamiento y equipamiento con emisores GPS/GSM.

Es una gran noticia para el equipo que ha realizado estos trabajos y para el propio Ayuntamiento como institución que financia la causa. Por tanto, como señala Ignacio García Dios, investigador principal de la Asociación Pennatus, «se confirma el normal desarrollo del período de aprendizaje de las técnicas de vuelo de los jóvenes de águila calzada, que ya tienen entre 56-60 días».

Una vez marcados, han pasado una primera semana terminando su desarrollo en cuanto al crecimiento del plumaje, así como ganando más peso. Con 45-48 días, los jóvenes han salido del nido, en la fase de rameo, la cual consiste en ir andando por las ramas del nido y superiores del pinsapo donde habitan.

Después de superar esa primera fase, comienzan los vuelos lineales de árbol a árbol. «En esa etapa», como señala el investigador, «cogen destreza en ir de árbol a árbol en vuelos rectos. Es una fase delicada, ya que dejan su árbol para comenzar a moverse por dentro del parque, alejándose cada vez más. Tienen que tener cuidado con los aterrizajes, ya que es el momento más difícil de esa etapa».

En ese sentido, también precisa que «a partir de ahí, los animales van practicando día a día en la mejora de ese tipo de vuelos. Los adultos están pendientes de ellos, los animan a volar pasando por encima, y les van a seguir llevando la comida al nido, lo cual va a hacer que cojan más destreza y fuerza para llegar rápido al nido en busca de comida que les haya traído el padre».

Es una etapa en las que se les escucha mucho por Campo Grande. Ellos intentan llamar a los padres, para pedirles comida donde están ellos. Pero los padres, les obligan a que vayan los jóvenes al nido. Es una etapa de dependencia, que irá avanzando poco a poco hasta conseguir una mayor independencia. Les queda todavía dos meses por delante, para ir aprendiendo a salir fuera del parque, ciclear, hacer picados, cazar, etc., terminado el crecimiento de las plumas, ganar peso, y desarrollar los músculos pectorales para adquirir más fuerza y resistencia en el vuelo.

Motivo de satisfacción científica y medio ambiental

A este respecto, el alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, ha subrayado que «la evolución de estos jóvenes ejemplares de águila calzada no solo es un motivo de satisfacción científica, sino también una excelente noticia para nuestra ciudad desde el punto de vista ecológico y medioambiental. La presencia de estas aves rapaces en el corazón verde de Valladolid, como es el Campo Grande, demuestra que la convivencia entre la biodiversidad y el entorno urbano es posible y deseable. Este proyecto refuerza nuestro compromiso con la conservación de la fauna autóctona y la mejora de los espacios naturales de la ciudad y pone sobre la mesa la importancia turística que puede adquirir este hecho para muchos amantes de las águilas calzadas y ornitología en general, y que puede repercutir positivamente para la ciudad».

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Descripción

Citius, Fortius y Pisuerga (hembra, macho y hembra, respectivamente) ya se han lanzado varias veces desde el nido para practicar varios vuelos cortos por el Campo Grande, 3 semanas después desde que el proyecto ‘Pennatus’ llevará a cabo el anillamiento y equipamiento con emisores GPS/GSM.

Es una gran noticia para el equipo que ha realizado estos trabajos y para el propio Ayuntamiento como institución que financia la causa. Por tanto, como señala Ignacio García Dios, investigador principal de la Asociación Pennatus, «se confirma el normal desarrollo del período de aprendizaje de las técnicas de vuelo de los jóvenes de águila calzada, que ya tienen entre 56-60 días».

Una vez marcados, han pasado una primera semana terminando su desarrollo en cuanto al crecimiento del plumaje, así como ganando más peso. Con 45-48 días, los jóvenes han salido del nido, en la fase de rameo, la cual consiste en ir andando por las ramas del nido y superiores del pinsapo donde habitan.

Después de superar esa primera fase, comienzan los vuelos lineales de árbol a árbol. «En esa etapa», como señala el investigador, «cogen destreza en ir de árbol a árbol en vuelos rectos. Es una fase delicada, ya que dejan su árbol para comenzar a moverse por dentro del parque, alejándose cada vez más. Tienen que tener cuidado con los aterrizajes, ya que es el momento más difícil de esa etapa».

En ese sentido, también precisa que «a partir de ahí, los animales van practicando día a día en la mejora de ese tipo de vuelos. Los adultos están pendientes de ellos, los animan a volar pasando por encima, y les van a seguir llevando la comida al nido, lo cual va a hacer que cojan más destreza y fuerza para llegar rápido al nido en busca de comida que les haya traído el padre».

Es una etapa en las que se les escucha mucho por Campo Grande. Ellos intentan llamar a los padres, para pedirles comida donde están ellos. Pero los padres, les obligan a que vayan los jóvenes al nido. Es una etapa de dependencia, que irá avanzando poco a poco hasta conseguir una mayor independencia. Les queda todavía dos meses por delante, para ir aprendiendo a salir fuera del parque, ciclear, hacer picados, cazar, etc., terminado el crecimiento de las plumas, ganar peso, y desarrollar los músculos pectorales para adquirir más fuerza y resistencia en el vuelo.

Motivo de satisfacción científica y medio ambiental

A este respecto, el alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, ha subrayado que «la evolución de estos jóvenes ejemplares de águila calzada no solo es un motivo de satisfacción científica, sino también una excelente noticia para nuestra ciudad desde el punto de vista ecológico y medioambiental. La presencia de estas aves rapaces en el corazón verde de Valladolid, como es el Campo Grande, demuestra que la convivencia entre la biodiversidad y el entorno urbano es posible y deseable. Este proyecto refuerza nuestro compromiso con la conservación de la fauna autóctona y la mejora de los espacios naturales de la ciudad y pone sobre la mesa la importancia turística que puede adquirir este hecho para muchos amantes de las águilas calzadas y ornitología en general, y que puede repercutir positivamente para la ciudad».

FUENTE

María Izquierdo

Por María Izquierdo

Soy María Izquierdo, profesional junior en comunicación digital. Creo y gestiono contenido para redes y medios online, combinando copywriting, narrativa visual y edición básica. Con formación en comunicación audiovisual y un máster en contenidos digitales, me motiva el storytelling y conectar con audiencias jóvenes a través de contenido creativo.

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